Karoline Leavitt, la secretaria de Prensa de la Casa Blanca que cobra 195.200 dólares al año y tiene 28 años
Dos altos cargos del núcleo duro del presidente cobran más de 200.000 dólares anuales
La Administración de Donald Trump hizo público el 2 de julio de 2025 el informe anual de retribuciones, un ejercicio de transparencia que justo seis meses después adquiere una dimensión especial tras la captura de Nicolás Maduro. En Sueldos Públicos analizamos una nómina donde la jerarquía del ala oeste queda al descubierto, mostrando una estructura encabezada por Jacalynne Klopp, asesora principal del presidente, quien con un salario de 225.700 dólares (unos 193.000 euros brutos) se sitúa como la empleada mejor pagada. Esta transparencia en Washington contrasta radicalmente con el discurso del mandatario venezolano capturado, quien poco antes de su detención, el 28 de diciembre, insistía ante las cámaras en que su remuneración era de apenas "dos petros", equivalentes a poco más de cien euros mensuales, una cifra que los investigadores tildan de cínica frente a una fortuna familiar amasada mediante redes de corrupción de miles de millones de dólares.
El informe detalla que, tras Klopp, el consejero adjunto Edgar Mkrtchian percibe 203.645 dólares, siendo los únicos que superan la barrera de los 200.000. Por debajo se sitúa un grupo de 33 altos cargos con un salario idéntico de 195.200 dólares (unos 167.000 euros), donde figuran nombres clave en la actual crisis geopolítica como el asesor de Seguridad Nacional, Stephen Miller, y la jefa de gabinete, Susie Wiles. En este nivel retributivo también se encuentran los arquitectos de las políticas más mediáticas de Trump, como el "zar fronterizo" Tom Homan o el asesor comercial Peter Navarro, quienes han coordinado las operaciones que el presidente ha calificado de "brillantes" tras la intervención en Caracas para, según denuncian voces internacionales, controlar los recursos naturales del país caribeño. La secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt (imagen), también cobra 195.200 dólares. Si comparamos, el secretario de Estado de Comunicación del Gobierno de España, puede llegar a cobrar 126.000 euros anuales, gracias al complemento de productividad.
En el escalafón salarial estadounidense llama la atención la figura de los funcionarios que trabajan sin percibir remuneración directa de la Casa Blanca. Es el caso de Marco Rubio, secretario de Estado y pieza fundamental en la presión sobre el régimen chavista, quien en su función de asesor de Seguridad Nacional no cuenta con sueldo asignado al cobrar ya de su respectivo departamento. Esta misma situación de gratuidad se repite con figuras como David Sacks, responsable de criptomonedas e Inteligencia Artificial. Por su parte, Trump mantiene su salario base de 400.000 dólares anuales, el cual ha prometido donar íntegramente a agencias gubernamentales, siguiendo la estela de su anterior mandato y reforzando su imagen de gestor que no necesita del erario público para su sustento personal.
Esta estructura de sueldos reglados choca frontalmente con la opacidad del clan Maduro-Flores en Venezuela. Mientras el dictador bromeaba en televisión sobre cómo su esposa, Cilia Flores —también capturada—, le "quitaba el sueldito" de la cuenta de ahorros, la realidad mostraba a un mandatario luciendo relojes Hublot y Rolex de decenas de miles de dólares que trataba de ocultar bajo sus mangas rojas. Frente a los 59.070 dólares que percibe el empleado con el sueldo más bajo en la Casa Blanca, los ciudadanos venezolanos subsisten con salarios mínimos de apenas unos pocos euros, mientras el sistema de empresas fantasma y testaferros vinculados a figuras como Alex Saab permitía al régimen desviar fondos petroleros de dimensiones incalculables hacia paraísos fiscales.
Tras 27 años de chavismo, la disparidad entre la narrativa de "humilde trabajador" de Maduro y su patrimonio real es abismal. Mientras investigaciones estadounidenses han incautado mansiones, aviones y caballos de lujo por valor de 700 millones de dólares a sus allegados, la Casa Blanca defiende su informe como un acto de rendición de cuentas ante el contribuyente. Con la creación de comisiones de alto nivel para la liberación de Maduro y la designación de nuevos mandos militares en Caracas, la brecha entre la gestión profesionalizada de los asesores de Trump y la red clientelar del Palacio de Miraflores marca el pulso de una transición que ha dejado la economía venezolana en una vulnerabilidad extrema.
Karoline Leavitt
La estructura de poder en el ala oeste de la Casa Blanca ha consolidado este 2026 una de sus piezas más mediáticas y, a la vez, controvertidas. Leavitt, nacida en New Hampshire en 1997, ha roto todos los récords de precocidad al ejercer como secretaria de prensa con apenas 28 años, una posición desde la que hoy defiende las operaciones militares en Venezuela y la política de "tolerancia cero" migratoria. Formada en Saint Anselm College y siendo la primera de su familia en alcanzar un título universitario, Leavitt ha pasado de ser una pasante en la oficina de correspondencia a convertirse en una asistente de máxima confianza para Trump
"Karoline Leavitt hizo un trabajo fenomenal como secretaria de Prensa Nacional en mi Campaña Histórica, y me complace anunciar que se desempeñará como secretaria de Prensa de la Casa Blanca", dijo Trump en un comunicado, al inicio de su segundo mandato.
Su ascenso no ha estado exento de turbulencias personales que han puesto a prueba la coherencia del discurso oficial que ella misma lidera. Desde finales de 2025, el foco mediático se desplazó de sus comparecencias sobre la captura de Maduro hacia su propio entorno familiar tras la detención de Bruna Caroline Ferreira, una pariente de nacionalidad brasileña, a manos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Este episodio ha generado un intenso debate en Washington sobre la aplicación de las leyes de extranjería, evidenciando una compleja tensión entre las estrictas directrices que Leavitt comunica diariamente desde el podio y las realidades migratorias que afectan incluso a los círculos cercanos de los altos cargos republicanos.
A pesar del ruido generado por este vínculo familiar, Leavitt mantiene una lealtad inquebrantable a la agenda de Trump, forjada tras su derrota en las legislativas de 2022 y su posterior éxito como portavoz nacional de la campaña de 2024. Su capacidad para manejar un contexto internacional explosivo, marcado por la reciente jura de Delcy Rodríguez en Caracas y el rechazo europeo a la ofensiva estadounidense, ha reforzado su posición ante el presidente.
Para la administración, su juventud es un activo estratégico que permite conectar con el electorado conservador más joven, utilizando una retórica combativa que no ha flaqueado ni siquiera ante el escrutinio de su propia vida privada por parte de la prensa internacional.
La secretaria de prensa encarna el nuevo perfil del funcionario público en la era Trump: perfiles de clase media, alejados de las élites tradicionales de Washington y con una formación intensiva en la "batalla cultural" mediática.
Imagen: web BBC.