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Los votantes de Federico y los sueldos públicos
La voluntad de una parte del centro derecha en España no debería estar condicionada por las soflamas matinales de un radio despertador
J. S. Mill Jr. J. S. Mill Jr.
@sueldospublicos
martes, 9 de junio de 2015, 08:15
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FJL

Escuchar a Federico Jiménez Losantos un rato por las mañanas es un espectáculo único. Sus densos editoriales a las seis, siete y ocho de la mañana, sin publicidad, son un verdadero calambrazo que te despierta y te hace saltar de la cama. Mucha gente reconoce que lo escucha para reírse o para tener una visión diferente de lo que habitualmente lee y oye. Suelta estopa por todas partes y a casi todos los políticos. Desde hace décadas se ha convertido en el guía espiritual e ideológico del centro derecha en España. El liberalismo en nuestro país se conoce un poco más gracias a Losantos. Eso sí, toca un pito y la gente, miles de oyentes, le hace caso. Solo hay que ver cómo se comporta el electorado tras los giros que hace durante una campaña electoral*.


Es complicado entender en una democracia madura pero los sueldos públicos de multitud de cargos públicos electos, su carrera política, su presente y futuro, dependen con frecuencia del beneplácito del locutor de Orihuela del Tremedal. Sus adjetivos, creaciones lingüísticas, símiles y metáforas hacen de sus monólogos un verdadero show. Nadie le iguala. Nadie se atreve a asumir el papel de guía ideológico en el centro izquierda. Los vídeos de Iñaki Gabilondo no tienen el mismo impacto por mucho que El Gran Wyoming se empeñe en sacarlos en El Intermedio. El presentador de La Sexta hace un programa escorado a la izquierda, con un discurso legítimo, que destroza la imagen del PP, destaca la corrupción de sus dirigentes y todo en clave de humor. La cuestión es que Losantos crea chistes en directo, a Wyoming se los escriben y los lee. No improvisa.


Hace años que Losantos usa la palabra ‘maricomplejines’ para hacer referencia a los líderes de la derecha que tienen miedo o se acomplejan de su ideología. Que no hacen lo que sus votantes esperan que haga. Es evidente que se ceba con Mariano Rajoy cuando estaba de líder de la oposición. Hasta el diario El País mencionó la palabra en uno de sus editoriales. En esa época, Rajoy llegó a percibir 150.000 euros al año del Partido Popular. Ahora, como presidente, percibe 78.185 euros brutos al año en doce pagas.


El 20 de febrero de 2005 los españoles estábamos llamados a las urnas para refrendar el Tratado que establece una Constitución Europea. Don Federico hizo campaña, por entonces en La Cope, la emisora de los obispos como decía PRISA, en contra de la aprobación de este documento. Ganó el sí por mayoría, con muy poca participación. Pero lo curioso es que en feudos clásicos del PP, donde duermen miles de oyentes de Losantos ganó el no. Así, no tardó en salir el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, para restregarle al PP que en barrios madrileños con voto conservador y en urbanizaciones y municipios del área metropolitana de Madrid con elevada renta per cápita, había ganado el no. Blanco tardaría unos años en ser ministro de Fomento y cobrar más de 70.000 euros brutos al año. Desde mayo de 2011 el sueldo de ministro es de 68.981 euros en doce pagas, tras el recorte de Zapatero de un 15 por ciento en las retribuciones de los altos cargos. Hasta ese momento, el presidente del Gobierno cobraba unos 90.000 euros brutos anuales. Sigue congelada la cifra en 78.185 euros.


En las autonómicas y municipales de 2011, Losantos mostró su apoyo en público a UPyD para el Ayuntamiento de Madrid aunque siguió respaldando al PP en la Comunidad. El partido de Rosa Díez sacó cinco concejales y ocho diputados autonómicos. Unión Progreso y Democracia se había convertido en el primer partido nacional que rompía el bipartidismo, no se casaba con los nacionalistas y se empeñaba en poner encima de la mesa temas de agenda incómodos para la llamada casta política. Díez sigue cobrando unos 5.000 euros netos al mes del Congreso de los Diputados.


Hasta hace algo más de un año, era frecuente que Díez acudiera mensualmente a los estudios de EsRadio en Madrid para ser entrevistada o participar en la tertulia de Es La Mañana. Por momentos, el CIS situaba a UPyD como una fuerza emergente con un 9,2 por ciento en intención de voto (enero de 2014). Fue a lo máximo que aspiró. Ciudadanos y Podemos seguían sin aparecer en esas encuestas que pagamos todos los contribuyentes. Pronto empezó la precampaña electoral para las elecciones al Parlamento Europeo.


Tras la Semana Santa del año pasado, Rosa Díez manifestó públicamente su disconformidad a que durante las procesiones religiosas sonara el himno de España. UPyD es un partido laico y fijó su postura de manera clara. Losantos saltó una mañana diciendo que eso era tradición y arremetió contra la diputada vasca. Se acabó la luna de miel. Llamó ‘rojo’ a Luis de Velasco, el portavoz magenta en la Asamblea, como si no supiéramos que había militado en el PSOE en los ochenta. Mientras, Losantos aupaba a VOX, una fuerza política nueva situada a la derecha del Partido Popular, que se quedó a escasos votos de arañar un eurodiputado.


¿Qué ha pasado en estas últimas elecciones? La situación previa nos recuerda a la que vivió UPyD y Díez, pero esta vez con actores diferentes: Ciudadanos y Albert Rivera han sido encumbrados a la categoría de salvadores del centro derecha en España. El viernes pasado Losantos llamó ‘caradura’ a Rivera. Le echó en cara que en diez días hubiera destrozado la esperanza de convertirse en un verdadero líder y en entregar la Comunidad de Madrid al PSOE. Le recordó incluso la candidatura turbia de Miguel Durán para las europeas de 2009 y la presunta corrupción de este señor. Eso sí, se la recordó tras las elecciones. Este lunes continuó la ristra de descalificaciones en la radio. Rivera, que cobra unos 3.500 euros netos al mes, según ha reconocido en más de una ocasión, ha visto cómo un locutor de radio le ofrece el micro, le aúpa en las encuestas para días después condenarlo a las catacumbas. El editorial de este lunes de Libertad Digital es un poco más suave y ofrece una segunda oportunidad a Rivera tras el probable pacto con Cifuentes en el gobierno de la Comunidad de Madrid.


Losantos reconoció en abril, tras la marcha de Toni Cantó, que UPyD era un proyecto muerto, que estaba acabado porque su líder se había negado a formar una candidatura conjunta con Ciudadanos. La única manera de contrarrestar a Podemos, con un producto fresco que no fuera alguien del bipartidismo y que defendiera, aparentemente, ideas liberales y a España, era el partido de Rivera. Pero la campaña electoral se hizo muy larga para muchos de los candidatos del partido naranja. El éxito de las andaluzas puso el listón muy alto y ser llave de gobierno parecía pan comido en gobiernos regionales y ayuntamientos. No ha sido del todo cierto. Losantos, que reconoció en uno de sus artículos dominicales en Libertad Digital que sería un placer hace campaña en favor de Esperanza Aguirre para el Ayuntamiento de Madrid, no se escondía y decía que votaría a favor del PP pero que sus hijos iban a votar a Ciudadanos. ¿Perdería sus emisoras si gana el PSOE en Madrid? Sabemos que Losantos es escritor y empresario. Sabe perfectamente lo que supone pagar decenas de nóminas todos los meses, cosa que la mayoría de políticos a los que entrevista ignora. Además, es un líder de opinión indiscutible. No hay otro igual en las ondas españolas. ¿Somos una democracia madura y sana si una parte de la clase política y de sus votantes depende de los sopapos de un locutor? ¿Tanto poder tiene Losantos? Muchos de sus oyentes votan según la opinión del turolense. ¿Es eso recomendable? A todas luces, no. Nos encontramos en las antípodas del concepto de Ilustración de Kant.


La gente es muy libre de votar lo que quiera, pero la voluntad de una parte de los votantes de centro derecha en España no debería estar condicionada por las soflamas matinales de un radio despertador. La radiocracia está a años luz de la democracia, aunque ésta última siga a años luz de la perfección.


Fuente de la fotografía.


*Nota. Este artículo no va contra Losantos, como algunos lectores de Sueldos Públicos nos están comentando. Es una reflexión en voz alta sobre cómo una persona desde un altavoz puede condicionar el pensamiento de una parte del electorado en España y la carrera política de muchos cargos electos y si eso es sano para el sistema. La libertad es sagrada. Ojalá siga muchos años más dando estopa desde las ondas.

 
 
 
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